Gastronomicus

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BCN, capital de espías y cocineros

Posted by gastronomicae en 18 noviembre, 2009

Aterrados por si nos atropella una bici chiflada, por si nos muerde la pantorrilla uno de los miles de perros desatados, por si nos dispara con el tirachinas alguno de los espías extranjeros avecindados, no nos hemos dado cuenta de que Barcelona ha ido acolchando el tejido gastronómico. La cocina más celebrada crecía fuera de la metrópoli, abarcando el país entero, si bien por primera vez en la década Barcelona puede reclamar la capitalidad culinaria. Aunque estemos metidos en la crisis hasta las orejas y con la gripe descolgándose de las narices, los aristochefs, asociados con hoteleros, estrenarán en las próximas semanas restaurantes principales, remate de un 2009 pródigo en aperturas, precedido por un 2008 que hirvió en encendido chup-chup.

Raül Balam y Carme Ruscalleda en Moments (Hotel Mandarin), Carles Abellan en Bravo (Hotel W; rey de la montaña, Abellan, ya puso el pie en el pedal del Velódromo y ultima otro Tapas 24), y Carles Gaig en Porta Gaig (en la T-1, espacio diseñado por Bofill, que podría aprovechar para cegar en la terminal el vestíbulo negro, mareante y delator de interioridades femeninas).

No solo en el top hay brotes, casi palmeras, también en los otros escalones del podio, contribuyendo a reverdecer el ecosistema y con precios socialistas: Fabián Martín amasa otra pizzería (Fabián), Jordi Vilà metió las manos en la masa italocatalana (Saltimbocca, Dopo y Vivanda), Josep Maria Freixa regresó a los canelones y su memoria (Freixa Tradició) y las taperías y los bistronómics se multiplican casi por milagro (Els Tres Porquets, Libentia, Blanc de Tòfona, Topik, Núvola…). Inquietos y optimistas, los jóvenes maestros viajan: Albert Raurich abre un Dos Palillos en Berlín, ciudad que junto con París espera aPaula Casanovas y Flip Planas, entretenidos con las tapas del Gatkitchen, en los hoteles Gatrooms. Romain Fornell enseña a los parisinos a comer patatas bravas mientras se prepara para la resurrección del Caelis.

Barcelona, que fue capital de ferias y congresos, lo es de la cocina de vanguardia y retaguardia. Y de los espías, que mientras conspiran llenarán los comedores.

FUENTE: EL PERIODICO

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